sábado, 12 de mayo de 2018

Un relato escalofriante para Halloween / A spooky story for Halloween



HALLOWEEN (Relato en español)


            No creo en Halloween. Nunca lo he entendido y no estoy seguro de que llegue a compartir esa fiebre americana por todo lo que rodea a esta curiosa fiesta del 31 de octubre. Mi familia y yo vinimos a los Estados Unidos hace cinco años, cuando yo solamente tenía ocho. En el colegio nos contaban historias de terror y nos traían caramelos. En el barrio nos aconsejaban decorar nuestras casas y adornar la puerta principal con todo tipo de artilugios fantasmagóricos. Tuvimos que aprender a vaciar una calabaza y agujerearla. En fin, yo no quise parecer raro o aislarme del resto de la clase y también formé parte de toda esa locura de disfraces, bromas, sustos e historias de miedo. Hasta este año.
            Ayer decidí que este año no iba a celebrar Halloween. Ocurrió de forma natural. Estaba paseando cerca del lago que rodea el pueblo y allí tomé la resolución. No sé si fue antes o después de leer los carteles que habían puesto por todo el sendero que rodea el lago y que anunciaban el peligro de las aguas y el lodazal que se había formado en las primeras semanas de octubre. El caso es que se me vino esta idea a la cabeza, como un cartel luminoso que venía a inspirarme. Halloween es una solemne tontería. Nadie va a convencerme de que Halloween es importante. Pienso discutir si hace falta con toda mi familia, con toda la escuela, con todo el barrio. Eso fue lo que pensé. Me acuerdo perfectamente. Hasta recuerdo que llevaba puesta mi camiseta del Barça y me había llevado una linterna por si se me hacía de noche antes de lo previsto. Mis paseos pueden durar una eternidad cuando me entretengo ordenando ideas en mi cabeza.
            Cuando regresé a casa ni mi padre, ni mi madre ni mi hermana pequeña quisieron hacerme caso. Tenía argumentos de sobra para defender mi postura. Halloween apesta. Halloween no aporta nada. Es absurdo que lo celebremos. No querían escucharme y yo tuve que encerrarme en mi habitación. Por la noche, oí como mamá hablaba con papá entre susurros y ambos salían de casa precipitadamente. Como no me habían querido dirigir la palabra y me habían ignorado por completo, no quise saber nada del asunto. Me dormí con la intención de esgrimir mi argumentación delante de toda la clase, del colegio entero.
            Fue decepcionante. Mi grupo de amigos parecía no notar mi presencia y el profesor más entusiasta, el máximo defensor de toda esta historia de Halloween hizo como que no me veía. De pronto, sonó la alarma. Era un simulacro de incendios y todos tuvimos que salir del edificio con nuestros profesores. Lo curioso fue que nos mandaron a todos a nuestras casas y ese día las clases terminaron cuando estaban empezando. No encontré a mis padres en casa y mi hermana no daba señales de vida. Paseé por el barrio y descubrí la decoración de las casas de nuestra calle. Había calabazas, fantasmas, niñas del exorcista columpiándose o esqueletos balanceándose desde un gancho de la puerta. Había miembros amputados con gotitas de sangre y más calabazas. Me irritó tanto ese espectáculo que volví a casa.

            Llevo dos horas delante de la puerta de mi casa. Está vacía. Está anocheciendo y no se oyen más que silbatos, ladridos de perros y gente gritando el nombre de alguien, no llego a distinguir de quién. Mi casa también está decorada y eso me está poniendo de los nervios. Creo que voy a coger la dichosa calabaza con esa sonrisita imperfecta que ha tenido que dibujar mi hermana y la voy a aventar hacia el bosque. Pero entonces descubro un trozo de papel que alguien ha colgado de la puerta. En él hay una fotografía de un chico de trece años que lleva una camiseta del Barça. Me parece que necesito dar un paseo y digerir todo esto. Quizá me acerque otra vez al lago. Es allí donde se aclaran mejor mis ideas. Me he incorporado bruscamente y he oído un chasquido, como un ruido de cristal roto. Me llevo la mano al bolsillo trasero del pantalón y saco mi vieja linterna. Está rota, empapada y cubierta de barro.



HALLOWEEN (English version)

            I do not believe in Halloween. I have never understood it and I'm not sure I could ever share that American fever for everything that surrounds this curious party on October 31st. My family and I came to the United States five years ago when I was just eight. In the school they used to tell us horror stories and bring us a lot of candies. In the neighborhood we were encouraged to decorate our homes and the front door with all kinds of ghostly gadgets. It was also the same stuff, every single year. We had to learn to empty a pumpkin and carve it. I was forced to do it. I did not want to seem weird. I did not want to isolate myself from the rest of the class. I promise I never had the chance to avoid that madness of disguises, jokes, scares and spooky stories. Except for this year.

           It was precisely yesterday when I decided not to celebrate Halloween. It happened naturally. I was walking near the pond that surrounds my small town when I resolved myself to get rid of it. Whether it was before or after reading the posters placed throughout the trail around the pound, the signs announcing the danger of water and mud for the first rains of October, I would never say. Anyway, this idea came to me at the top, like a neon sign that came to inspire me. Halloween is absolute nonsense. Nobody is going to convince me that Halloween is important. I needed to discuss it with my family, with all the school, with the entire neighborhood. That's what I thought during my walk in the pound. I remember it perfectly. I remember wearing my Barça shirt and bringing with me a flashlight in case it gets dark. My walks can last an eternity when I entertain myself ordering ideas in my head.

            When I returned home neither my father, my mother nor my little sister wanted to listen to me. I had plenty of arguments to defend my thesis. Halloween sucks. Halloween brings nothing to us. It is absurd that we celebrate Halloween. They did not listen to me and I had to lock myself in my room. At night, I heard Mom and Dad talking in whispers and the next minute both left the house abruptly. As they had not wanted me to say any words and I had been completely ignored, I resolved not to guess anything about it. I was upset and angry with them. I slept with the intention to wield my argument in front of the whole class, the whole school, the day after. Today.
            It has been disappointing this morning. My group of friends seemed not to notice my presence and the most enthusiastic teacher, the greatest defender of all this Halloween stuff, pretended not to see me. Suddenly, in the middle of the first period in the morning, the alarm sounded. It was a fire drill and everyone had to leave the building with our teachers. The funny thing was that they sent us all to our homes and the school day ended when classes were starting. I have not found my parents and my sister at home. I have been walking around the neighborhood and I have found the decoration of the houses on our street. There are pumpkins, ghosts, possessed swinging girls or skeletons dangling from a hook on doors. There are members of bodies with droplets of blood and more pumpkins. I was so irritated that I have decided to come back home.

            I have been standing for two hours in front of my house. It is empty. It is dark and the only thing I can hear comes from outside. Whistles, dogs barking and people yelling someone's name, I fail to distinguish who. My house is also decorated and it's getting on my nerves. I think I am going to take this happy pumpkin with its imperfect smile that my sister drew and I am going to throw it away into the woods or maybe I am going to throw it and sink it under the pound... But then, I discover a piece of paper that someone has hung on the door. It is a picture of a thirteen year old boy wearing a Barcelona shirt. I guess I need to go on a walk and digest it all. Maybe I address to the pound again. This is my favorite place, the only place where my ideas are better clarified. I stand up and I hear a pop, like the sound of broken glasses. I put my hand to my back pocket and pull out my old lantern. It is broken, soaked and covered in mud.

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